Jóvenes musulmanes en la España constitucional

La juventud es el futuro, dicen los políticos. Desde la óptica juvenil se está en absoluta consonancia con esta repetida frase. Sin duda los próximos retos serán para los que ahora nos encontramos en fases formativas o de iniciación laboral, y nosotros seremos los que tendremos que resolver los problemas y los que tomemos las decisiones que guíen nuestro país, cada uno en su nivel de actuación.
La realidad juvenil se reconoce como heterogénea, diversa, solidaria, rebelde. Pero, ante todo, los jóvenes nos caracterizamos por ser lo presente y lo futuro. Nuestra energía, como jóvenes, es superior a la de cualquier otra etapa, lo que debe ser aprovechado en pos de la adquisición de conocimiento y experiencia en los aspectos prácticos de la vida y en impregnar del espíritu juvenil a una sociedad cada vez más deteriorada.

Los jóvenes, que además somos musulmanes, tenemos estas mismas realidades generales, pero con el sobre punto de pertenecer a una religión que es minoritaria en nuestro país. No obstante, según la Ley firmada en 1992 entre el Estado español y la Comisión Islámica de España, máximo organismo de representación de los musulmanes en nuestro país, el Islam es considerada una religión de notorio arraigo y se le reconocen los mismos derechos que a la religión católica o judía.

Estos acuerdos, aunque proporcionan un marco legal de actuación, en mi opinión no han hecho más que limitar lo que establece la propia Constitución, máxime cuando los mismos no se han visto apoyados ni política, ni económica y, además, muchas decisiones aún están en manos de la propia Iglesia Católica. Casos como el de la Mezquita de Córdoba son pruebas fehacientes de ello. Un lugar que es Patrimonio de la Humanidad únicamente explotado en beneficio de una determinada religión. ¿Creen que es justo?

España, desde 1492, ha sido, con la ayuda de la Inquisición, un estado regido por lo valores católicos. Esa es la realidad histórica que debemos aceptar. Sin embargo la situación actual que existe en nuestro país es bien distinta, tanto desde una perspectiva legal como desde una realidad social. Por lo tanto, si estamos en un país constitucional, aconfesional, regido por valores democráticos, con igualdad de derechos, solidario etc… ¿Por qué existe ese desequilibrio?. ¿Han pensado que repercusión tiene sobre la comunidad juvenil islámica? En fin, responder a esta pregunta supondría algo más que esta pequeña reflexión.

A lo que me quiero limitar con estas palabras es a expresar nuestra necesidad, como jóvenes españoles musulmanes, de encontrar en nuestro ámbito natural de desarrollo de la vida un espacio respetuoso, plural y de convivencia.

Queridos amigos no estamos pidiendo nada extraño. Al contrario, lo que pedimos, mediante la comprensión de lo que somos, por medio del diálogo y la palabra, es que se profundice en los valores democráticos y constitucionales.

Pensar por un momento y poneros en nuestro lugar. Jóvenes de 18 o 20 años, con padres, abuelos y bisabuelos españoles. Nacidos en Madrid o Granada. Podrías llamarte José, Carmen, Maria… Resulta que tus padres, en un momento de su vida deciden hacerse musulmanes. Entonces te llamas Abdullah en vez de Pepe. Por tradición y por lugar de nacimiento, eres español. Pero además de español eres musulmán. Has crecido en un entorno que consideras como tuyo, sin embargo desde fuera eres visto como un extraño, calificado con diferentes clichés, desde el clásico de “moro”, hasta los más agresivos como “terrorista, maltratador o inhumano”.

Cuando eres pequeño hay muchas cosas que no comprendes, pero a medida que vas creciendo tu capacidad de discernir aumenta y adquieres la capacidad de decidir. Eliges ser musulmán, no por vínculo familiar, sino porque has experimentado esta forma de vivir y te ha parecido una buena guía para desarrollarte.

Comparas todos esos clichés con los valores que el Islam promulga y te das cuenta de que son totalmente contradictorios. Ves que el hecho de ser musulmán te obliga a ser justo, honesto, sincero, solidario, respetuoso etc. y que, además, tienes una guía espiritual. No encuentras razón a la actitud por parte de otras personas que no son musulmanas, pero aún así sigues esforzándote por que todo sea mejor.
En ese momento reflexionas y concluyes preguntándote ¿Qué hacer?

Las respuestas pueden ser muy variadas. Hay quién elige un camino y hay quien elige otro, quizá muy alejado del propio Islam, que puede implicar actitudes violentas, agresivas, de ruptura.
En mi opinión está muy claro. Lo que hay que hacer es esforzarse dando ejemplo de los valores islámicos. Hay que hacer una continua yihad (lucha mayor), mediante la visualización de valores como la paz, el respeto por la diversidad y por la naturaleza, el amor y el perdón, la conciencia, la búsqueda del conocimiento… Todo ello dará lugar, antes o después, a una comprensión más profunda de lo que significa el Islam y del papel que los musulmanes juegan dentro de esa forma de vida. Cómo jóvenes musulmanes tenemos que llevar a cabo esa forma de yihad.

Ese debe ser nuestro compromiso con nosotros mismos, con la sociedad y con Dios, subhana wa ta allah., mediante la visualización de valores como la paz, el respeto por la diversidad y por la naturaleza, el amor y el perdón, la conciencia, la búsqueda del conocimiento… Todo ello dará lugar, antes o después, a una comprensión más profunda de lo que significa el Islam y del papel que los musulmanes juegan dentro de esa forma de vida. Cómo jóvenes musulmanes tenemos que llevar a cabo esa forma de y.Ese debe ser nuestro compromiso con nosotros mismos, con la sociedad y con Dios, .
Necesitamos que se nos comprenda y se nos acepte en nuestra condición de musulmanes. Somos jóvenes, iguales que otros, con necesidades, dificultades, expectativas, miedos y alegrías, como otros, aunque hayamos elegido un camino espiritual distinto. No pretendo considerarlo mejor ni peor, sino distinto.

Creo que es beneficioso para todos el que se nos conceda el lugar que nos corresponde, ser una pieza más del puzzle. Así se obtendrá un beneficio común por y para la sociedad global en la que nos encontramos. Entender y aceptar esto, y nuestro país ganará en cultura, en conocimiento, y también en solidaridad, justicia, paz, amor.

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