Alimentos como Alá manda

SESENTA empresas españolas pagan ya su cuota al Instituto Halal, instalado en Córdoba, que certifica que la comida puede ser consumida sin problemas por la población musulmana. La Generalitat ayudará a que el sello esté en Cataluña. Hay negocio

Halal versus haram. Lo «permitido» contra lo «prohibido». Malika navega entre esta dicotomía cada vez que va a un supermercado que no conoce. Armada con sus gafas de ver la letra pequeña se pasa la mitad del tiempo que no tiene mirando las etiquetas de los productos que quiere comprar. Como si fuera un prospecto farmacéutico, esta madre de familia musulmana escruta detenidamente la composición de la carne -de un paquete de salchichas en esta ocasión- para comprobar que nada considerado por su religión como haram (prohibido) estará en la mesa a la hora de comer.

Y, es que, para los 700.000 musulmanes que viven en nuestro país no es nada fácil conseguirlo. Las limitaciones marcadas por su religión en materia culinaria hace que, en muchos casos, ingerir un alimento cotidiano suponga un desafío a sus conciencias espirituales.El Islam considera que antes de comer carne, un buen musulmán tiene que estar seguro de que el animal ha sido sacrificado sin sufrimiento bajo las premisas que marca El Corán -tumbado sobre su costado izquierdo en dirección a La Meca mientras que el matarife pronuncia para sí el nombre de Alá-, con la intención específica de matarlo sólo para alimentarse; y que esté perfectamente desangrado mediante un corte en la yugular.

En estas condiciones y si el bicho en cuestión no es un cerdo, un animal de pezuña hendida (burros domésticos, caballos, etc.), un carroñero, una ave con garras o que estaba muerto con anterioridad, el producto se considera halal (permitido), por lo que se podrá comer sin ningún problema. También, el consumidor tiene que estar seguro que la persona que lo sacrificó no es un niño, un perturbado o estaba bajo los efectos del alcohol o las drogas. O sea, condiciones muy difíciles de comprobar si no se vive en un país musulmán.

UNICA EN EUROPA

Lentamente, sin embargo, esta situación va cambiando para los seguidores de Mahoma. Desde que en 1992 el Parlamento aprobase los Acuerdos de Cooperación con los representantes de las religiones declaradas de «notorio arraigo» -musulmanes y judíos, sobre todo-, la Comisión Islámica de España, signataria de aquel documento, ha conseguido materializar la única certificación de garantía de alimentación de este tipo que existe en Europa bajo el registro genérico de Halal.

De hecho, y en la misma semana en que el Gobierno socialista ha anunciado que financiará las actividades de estas religiones en nuestro país -del mismo modo que lo hace con la Iglesia Católica-, este certificado es casi lo único que los musulmanes han obtenido de la Administración española una década después de aquellos acuerdos.

En el pueblo cordobés de Almodóvar del Río (7.000 habitantes) está la sede del Instituto Halal, el órgano certificador de alimentos orientados al público musulmán -aunque los no musulmanes también pueden consumirlos- creado hace cuatro años por la Comisión Islámica en colaboración con la Junta de Andalucía. Dotado de un registro de marca genérico, el Instituto tiene la misión de controlar todo el proceso de elaboración de los productos alimenticios susceptibles de sufrir alguna alteración: además de la carne, lácteos, galletas y embutidos -para verificar que no contienen grasa animal-, aquellos que llevan ácido láctico e, incluso, hasta las cervezas sin alcohol.

«Se trata de mantener un sistema que en este sector se llama de trazabilidad. O sea, saber qué pasa desde el matadero hasta el supermercado. El musulmán, por razones obvias, es desconfiado sobre todo aquello que come y a menudo no encuentra la información necesaria para saber de donde procede la carne que va a comer, ni quién y cómo ha sacrificado al animal. Nosotros garantizamos precisamente esos datos de tal forma que el consumidor llega a saber hasta el nombre del matarife», asegura Isabel Romero, musulmana conversa desde hace 10 años y directora del Instituto Halal.

Así, una empresa que quiera incorporar este sello a sus productos debe pasar por una serie de trámites que nada tienen que envidiar a los exigidos por la más dura de las agencias de control alimentario.Tras solicitar la inscripción, los inspectores del Instituto evalúan las instalaciones, entrevistan al personal encargado de la producción halal y revisan cada dos meses que el proceso pactado se mantenga íntegro de principio a fin.

«Más allá de los preceptos estrictamente musulmanes de la alimentación, un aspecto importante de estas inspecciones valoran cosas de sentido común: como que estos productos no tengan sustancias nocivas, ilícitas o prohibidas por la ley. Para nosotros es muy importante mantenernos de acuerdo con las normativas que imperan en cada lugar. Eso garantiza que lo que certificamos, además de ser apto para un musulmán, es perfectamente sano para cualquier consumidor, con la garantía de haber pasado por un control extra.Por eso, también hay un importante sector de mercado no musulmán que compra estos alimentos con la certeza de que va a comer algo sano», explica Hanif Escudero, director de Desarrollo del Instituto.

MISMO PRECIO

La inclusión de este sello- bien visible en la etiqueta- no supone un encarecimiento del producto, como sucede con los alimentos ecológicos. Las empresas tienen que pagar 600 euros de inscripción el primer año y 300 a partir del segundo. Luego tienen que pagar al Instituto un canon de un 1,3% sobre todo lo que facture como halal, dependiendo siempre del volumen del mercado. Aparte, tendrán que pagar unos 400 euros por cada inspección que se realice -la hacen empresas especializadas- y otro tanto por los análisis de ADN sobre muestras aleatorias que realizan laboratorios acreditados de Madrid y Sevilla.

En el vecino pueblo de Fuentepalmeras, se levanta la fábrica de embutidos Martínez Barragán, una de las más importantes del sector en Andalucía y pionera en la producción y venta de productos halal. «Al principio sí salía un poco más caro elaborar este tipo de alimentos pero una vez racionalizada la cadena ya no se nota tanto. Aquí solemos elaborarlos al principio de cada jornada, para que no se contaminen con los despojos de los otros.Luego, el resto del proceso no cambia. Llevamos ocho meses trabajando con ellos y estamos muy contentos, sobre todo por las perspectivas de futuro que tiene este mercado de cara a la exportación», asegura Fernando Padilla, jefe de producción de esta empresa.

Precisamente, la motivación económica es lo que ha hecho que unas 60 empresas en España estén trabajando ya con productos halal. Al mercado potencial español hay que sumarle el europeo y hasta el mundial, con 1.200 millones de musulmanes en todo el planeta. Sólo en Francia, el 10% de la carne es consumida por miembros de esta comunidad. Y allí, a pesar de que viven casi cinco millones de mahometanos, no existe un proyecto de este tipo.

«Y varias de las empresas afiliadas a nosotros exportan sus productos a países como Malasia o Indonesia. Calculamos que, actualmente, el 40% de lo que inspeccionamos va al extranjero. Los musulmanes europeos se abastecen, normalmente, de productos manufacturados en Bélgica, que también tienen un cierto control. Aunque no tan exhaustivo como el nuestro. Pero lo pagan más caro. El éxito de esta apuesta radica en que cualquiera puede comprar unas salchichas halal de El Pozo, Tello o Casademónt por el mismo precio. Tenemos ya muchas solicitudes y esperamos duplicar la oferta en el próximo año», afirma esperanzada Isabel Romero.

Esta misma semana, la Generalitat de Catalunya respaldó la creación de otro Instituto Halal en aquella comunidad. El próximo mes de septiembre será abierta una oficina en Barcelona desde la que se pretende impulsar el uso de esta marca de garantía por toda la región. El gran salto, sin embargo, esperan darlo cuando estos productos se empiecen a difundir en las grandes superficies comerciales, algunas de las cuales -Carrefour, Eroski y Alcampo- ya han anunciado su intención de venderlos a corto plazo.

SACRIFICIOS

Mientras manteníamos las entrevistas, apareció por la sede del Instituto un musulmán marroquí para presentar su currículo como matarife. Pronto se corrió la voz de que en los mataderos de la Comunidad andan necesitados de personal cualificado para sacrificar a los animales según el rito musulmán.

«Sin embargo, El Corán especifica que no hace falta ser musulmán para sacrificar a un animal al estilo halal. También pueden hacerlo practicantes de las religiones del Libro: cristianos y judíos.Las mujeres no están exentas. Eso sí, hay que hacerlo de la forma tradicional: hacer que la sangre fluya por el corte de las venas, tener la intención expresa de que se trata de un sacrificio e invocar el nombre de Dios mientras se le ejecuta», recuerda Escudero.

Al ser el Islam una religión abierta a las múltiples interpretaciones de sus diferentes corrientes, existen diferentes visiones sobre lo que es halal y haram a la hora de comer. Para los mayoritarios sunitas, por ejemplo, todo lo que venga del mar es halal mientras que para la minoría chií el marisco está prohibido por ser un animal que se arrastra, ya que, según ellos, el Profeta especificó en uno de sus hadices (dichos) que no se debe comerlos.

También existe polémica sobre si un animal sacrificado mediante corrientes eléctricas puede ser consumido puesto que es difícil evaluar el grado de sufrimiento que padece en el momento de su muerte. Las ramas más fundamentalistas consideran haram aquellos que son muertos a golpes, por asfixia, estrangulamiento o caída.En cuanto a los instrumentos del sacrificio, el Profeta dejó especificado que vale cualquiera «siempre que esté bien afilado y mientras no se trate de dientes o garras», por aquello de que esto último produce un sufrimiento mayor al animal.

Por fin, también hay discrepancias respecto a los animales cazados.Algunas de estas corrientes consideran que no se deben comer aquellos animales capturados en el agua porque es difícil saber si su muerte se ha producido por la herida del cazador o por ahogamiento. Tampoco dejan comer animales que tengan otras heridas anteriores al disparo de su captor.

Pie de foto titulada

EL PROCESO «PERMITIDO». Las medidas higiénicas se extreman aún más (arriba) cuando la carne va destinada al mercado musulmán.Abajo, a la izquierda, los miembros del Instituto Halal de Córdoba, Hanif Escudero, Director de Desarrollo; Carolina Cabrera, secretaria, e Isabel Romero, presidenta. Momento de la elaboración (centro) y su llegada al mercado (dcha.) donde comparte espacio con jamones para cristianos.

Fuente: EL MUNDO
Por: JUAN C. DE LA CAL. Córdoba

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