Fiesta del Cordero en Córdoba

Durante esta semana, millones de musulmanes de todo el mundo han celebrado su fiesta mayor: la que en España conocemos como fiesta del cordero o del sacrificio y que en la lengua del Corán es el Id al-Adha. Entre ellos estaban muchos de los 2.500 musulmanes que viven en Córdoba, tanto de origen peninsular como procedentes de distintos países de fe islámica.


El Id al-Adha tiene lugar el décimo día del mes de Dhul Hiyya (el último del calendario lunar islámico), que suele coincidir con nuestro enero. La fiesta recuerda al profeta Ibrahim (Abraham para los cristianos), que se disponía a sacrificar a su hijo Ismael (o Isaac) obedeciendo el mandato de Alá, pero finalmente Dios ordenó a Ibrahim sustituir a su hijo por un cordero. Isabel Romero, directora del Instituto Halal de la Junta Islámica, con sede en Almodóvar del Río, señala que “en ese momento Dios prohíbe el sacrificio humano, es un salto muy importante en la evolución cultural”.


El significado de esta fiesta, según la Comisión Islámica de España, es mostrar la disposición de los creyentes a poner a disposición de Alá incluso sus bienes más queridos, y a dedicar su vida a seguir el camino que Alá ha trazado. Hanif Escudero, director de desarrollo del Instituto Halal, explica que, por su importancia en la cultura islámica, la fiesta del cordero es comparable con la Navidad cristiana, y con ella comparte la defensa de la familia y la solidaridad entre los hombres.

La fiesta


El Id al-Adha comienza con una oración matutina, a la que el musulmán acude tras haber hecho la ablución mayor y haberse ataviado con su mejor ropa, limpia y perfumada. El creyente recita unos versículos que sólo se cantan durante las dos grandes fiestas anuales (la otra es el Id al-Fitr, la que marca el final del Ramadán) y también en los enterramientos. Los musulmanes cantan hasta que el imán dirige la oración y pronuncia el jutba (un discurso, similar al sermón de las misas católicas).


Entonces se disuelve la reunión, que puede celebrarse en una mezquita o cualquier espacio amplio, y los asistentes se besan en señal de hermanamiento y se felicitan por la fiesta. Tras la oración, los creyentes que pueden permitírselo sacrifican un cordero y celebran una comida con familiares y amigos. Hanif Escudero explica que “se come el cuscús con cordero y todo tipo de manjares, la comida cambia según el origen de la comunidad, pero el cuscús casi siempre está”. El cuscús es una pasta de harina de trigo en forma de sémola, a la que se añaden carne y verduras.


Por culpa del mal de las vacas locas o scrapie en las ovejas, el sacrificio doméstico se ha convertido en un peligro para la salud. El Instituto Halal señala que realizar el sacrificio en las casas genera incomodidad a la comunidad, una producción de residuos peligrosos descontrolada y el consumo de carne sin control sanitario. Pero muchos musulmanes desconfían de que en los mataderos se realice el ritual islámico del sacrificio. Por eso, este organismo otorga a determinadas empresas la marca de garantía halal, que certifica que los productos que salen de esas tiendas cumplen el mandato coránico sobre la alimentación halal (saludable, permitida). En Córdoba tienen esta certificación los mataderos de Covap y Martínez Barragán.


Pero para muchos musulmanes cordobeses, la fiesta se limita a la oración y a un te rápido. Hanif Escudero explica que “estamos en una sociedad que no contempla esta fiesta, así que es un día de trabajo; muchos van a la oración, toman un te y vuelven a trabajar. Creemos que la fiesta del cordero debe ser reconocida en España”.


Un cordobés en La Meca


El Id al-Adha coincide con las celebraciones de los ritos de la peregrinación o hach en la ciudad santa de Meca. Peregrinar a esta ciudad es un mandato para todos los musulmanes que puedan permitírselo (por dinero y salud) al menos una vez en la vida. Hashim Cabrera, un musulmán cordobés nacido cristiano, ya ha hecho ese viaje dos veces: en 1991 y 1996.


Para Hashim, “es una experiencia importante a muchos niveles, espiritual, intelectual, humana y cultural. Como experiencia espiritual es la escenificación de la naturaleza transitoria de la vida, pero además es un gran viaje y es la experiencia de más diversidad que he vivido nunca”. Cabrera explica que “para muchas personas que han viajado poco, que vienen de ámbitos rurales, es la gran apertura al mundo, el viaje de sus vidas”, y destaca que a todos impresiona contemplar una multitud de entre 2 y 3 millones de personas conviviendo sin ningún conflicto. La ausencia de enfrentamientos se debe a que mientras el musulmán viste el ihram (la ropa del peregrino, dos prendas de toalla blanca) “si el peregrino rompe la rama de un árbol, mata a un insecto o se pelea con alguien, su peregrinación no es válida”.


No obstante, todos los años mueren personas en La Meca, casi todos en avalanchas humanas. El pasado jueves murieron 363 fieles en una estampida humana en una zona muy estrecha. Hashim Cabrera explica que “hay muchas avalanchas durante el apedreamiento de los yamarat (monolitos), que simbolizan todo lo maligno, se llega a un estado de pasión muy fuerte, todos quieren tirar las piedras y la multitud presiona. Yo me he encontrado en esa situación dos veces y he tenido miedo porque he visto morir gente aplastada”.


A pesar de los problemas derivados de un encuentro tan multitudinario, la peregrinación a La Meca es una experiencia única. Hashim Cabrera la vivió por primera vez apenas cuatro años después de reconocerse como musulmán. Cabrera, que es el imán de Junta Islámica (el que dirige la oración, pero no es asimilable a un sacerdote porque en la fe islámica no hay clero), llegó al Islam después de “una infancia con una educación muy tradicional, nacionalcatólica, una juventud agnóstica y marxista, una búsqueda de la trascendentalidad en la contracultura y hace unos 20 años, ahora tengo 51, me reconocí como musulmán”.


Hashim cuenta su llegada al islamismo en el libro Párrafos de moro nuevo y su experiencia de la peregrinación a La Meca en el ensayo Crónica de una peregrinación . El ensayo termina con esta frase: “La despedida fue emocionada. Ahora sabía Hisham que la peregrinación no había terminado, que la propia vida en esta tierra no es sino un viaje cuyo único desenlace es el encuentro definitivo con el Creador en la Otra Vida”.

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